jueves, 13 de octubre de 2016

Que te vas a tomar lo qué?

Que te vas a tomar qué?
Lo bueno de beber vinos que no conoces, ni tenes la más remota idea de nada, léase: Enólogo, región, viñedos, suelo, crianza, o lo que sea… es la sorpresa.
No sabes nada, y si te gusta, es una gratísima sorpresa.
La verdad, que una medalla de plata en Vinalies, me resta bastante más de lo que me suma. Suma un 90 y tantos de algún apellido rimbombante, o un Thophy o un Gran Oro de algún concurso GRANDE, tipo Master 1000 en el Tennis.
El asunto fue el siguiente: Me devore con tan pasión la botella entera. Encontré un oasis de taninos pulidos y la bebí con la desesperación de un beduino en medio del Sahara.
Aun sigo sin saber quién demonios fue el creador de tal maravilla enológica de menos de 20 dólares!
Familia Bresesti Tannat Premium 2015 se robó sorbo a sorbo todos mis suspiros de anoche.
Hermoso bife de chorizo bleu, solo con sal y pimienta, la copa y yo.
A veces el placer más profundo esta en las cosas más simples.
Será que hace años que no me sorprendía un Tannat? Que me había quedado con aquellos obtusos y duros exponentes de la variedad? Sera que beber tanto buen vino Argentino me hace ver hoy al tannat de forma diferente?

No lo sé… y tampoco quisiera ahondar en eso. Al menos no por el momento.
De todas formas… comencé a sorprenderme gratamente últimamente, de la mano de mi amigo y mi hombre de confianza en aquellos pagos Ramiro Benedetti.
Resulta que este vino es un viaje. Y mi primer recomendación es beberlo solo o como mucho de a dos. Y lo dice alguien que disfruta muchísimo del compartir las botellas. Pero este no es el caso.
Es un viaje porque el vino se va abriendo y va mutando con el paso del tiempo.
Me llevo aproximadamente 2 horas beber la botella.
Al principio era un Tannat difícil. Caprichoso. Cerradito, pero con una boca que ya me llamaba mucho la atención.
A mi me gusta mucho hacer analogías divertidas con estos casos: En los primeros 15 minutos, la Srita. Bresesti, me ignoraba de una manera celestial.
Al rato, ya me empezó a pispear… y fue ahí donde se puso más interesante el asunto.
Cuando se va abriendo y ganando un poquito de temperatura, comienza el desfile de perfumes.
Se nota mucho la madera, sin ser maderazo. Evidentemente hay una buena elección y buen trabajo allí.
Chocolate, café, hojas de tabaco. Mucha especie… como si entrase en una herboristería o un mercado persa.
La boca? Sedosa. Potente. Ambas? Si. A la vez. Gustoso. De esos que salivas cuando tragas, porque… te gusta y punto. No hay mucha más explicación.

Luego de un ratito mas, “acabada la cena… tome el cáliz” (NdR: Mis años de monaguillo me delatan!) y lo gire aparecieron nuevos aromas que me recordaban a los dátiles, nueces, frutas negras como grosellas o moras, de esas que no comes nunca y son carísimas.

Larguísimo en cada trago. Perfumadísimo de principio a fin. Entero, tan entero que no se cae en ningún momento de esas dos horas.

Repito: No sé quien es Don Bresesti. No tengo idea donde tienen viñedos o la bodega. No sé quien es el enólogo y menos que menos el Ingeniero agrónomo. No sé qué madera usan, que líneas de vino tienen y donde comercializan. No tengo ni la más remota idea de nada

de eso. Y justamente, para hacerlo más divertido, me contuve toda la tarde de googlear esta info. Cosa que haré en breves instantes.
En fin.
Vinazo de menos de 20 dólares.
De gran Relación Precio-Calidad…


Yo quiero un par de estas botellas en mi cava, esperando ocasiones especiales.

Sin más…

Que tengan todos ustedes un muy buen beber.

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